Viaje al centro de la tierra

Por: Nelson Fredy Padilla
En el corazón de los Andes colombianos sobrevive una nación indígena con una vida ejemplar en medio del fuego cruzado de la guerra. ¿Qué pasó con el Proyecto Nasa de los paeces, ganador del año 2000? Fragmentos.
Baltasar Garzón

Foto: Cortesía ‘Cromos’

El juez Baltasar Garzón durante su visita a las granjas del Proyecto Nasa en Toribío, Cauca, en 2001.

Más allá de nuestras ciudades, de lo que llamamos “la civilización”, más allá de Cali y de los cañaduzales del Valle del Cauca, en las estribaciones de la cordillera Central, el mundo cambia si te dejas guiar por una mano cobriza que se extiende para invitarte a conocer Nasa Kiwe, la madre tierra de los indios paeces.

En el año 2000 fui por primera vez al Proyecto Nasa, porque acababa de recibir el Premio Nacional de Paz. Emprendí el viaje en una chiva repleta de nativos, mercados y alegría. Los indígenas colgaban de las ventanas de madera y se apilaban sobre el techo como racimos de plátano. Camino al norte del departamento del Cauca, la imagen de edén que tenía en mi cabeza se desdibujaba a medida que aparecían, en vallas y tiendas de vereda, consignas de victoria de la guerrilla de las Farc y las primeras amenazas de los grupos paramilitares, ya patrocinados los dos, a conveniencia, por narcotraficantes y terratenientes.

Desde que traspasamos las talanqueras de la guardia indígena noté tensión en el rostro de los encargados de garantizar la seguridad. Ellos sólo cuentan con un bastón de madera, adornado con anillos y tejidos inspirados en el arco iris, y con su coraje para enfrentar a los grupos alzados en armas que siempre han querido apropiarse de sus dominios. Mientras se ocupaban de detectar cualquier peligro, los pasajeros tratábamos de superar el miedo que nos producía la sensación de que la chiva podría irse a botes por la espiral de abismos que bordeaban la carretera.

Me sentí a bordo de una nave única en travesía hacia el centro de la tierra. No al submundo fantástico que imaginó Julio Verne, sino al que soñó para estas montañas ariscas el padre Álvaro Ulcué Chocué, asesinado en 1984 por sicarios de terratenientes que buscaban frenar el proceso de recuperación de las fincas que pertenecían a los paeces.

Era el sacerdote indígena de Toribío, un pueblo que está a dos horas de camino y una botella de aguardiente, el mejor remedio para mitigar el vértigo. Nos recibió en la plaza principal Ezequiel Vitonás, alma de esta historia y en ese entonces alcalde local. Había coordinado el Proyecto Nasa durante los años 90, se estaba amenazado de muerte por la guerrilla y aún así no dejaba, y todavía no deja, de sonreír y de enfrentar el miedo con buenos chistes. El Premio Nacional de Paz ya se había convertido en el escudo de protección que necesitaban los paeces para seguir en el empeño de construir su propio tejido social.

Según me contó por esos días la ex canciller María Emma Mejía, fue por cuenta del Premio que su amigo, el famoso juez español Baltasar Garzón —gestor de la Fundación por los Pueblos Indígenas— quiso venir a Colombia para conocer este laboratorio de paz y desarrollo. Mi segundo viaje al mundo nasa fue en junio de 2001, junto con el superjuez y con la ex canciller. Aquella vez la primera parada antes de subir a Toribío fue en la vereda La María, en Piendamó, lugar sagrado donde los paeces se reúnen en asamblea general para moldear su “plan de vida”.

Garzón dedicó el día a oír denuncias de los indígenas sobre los atropellos de la guerrilla, los paramilitares y las Fuerzas Armadas. Lo impactó el relato de los sobrevivientes de matanzas como la del Alto Naya, donde un centenar de personas fueron asesinadas por los paramilitares, y la de El Nilo, donde 20 paeces más fueron sacrificados por narcos que querían arrebatarles una finca.

Garzón fue nombrado embajador internacional de los indígenas colombianos y los paeces le entregaron expedientes para que desde su posición de juez transnacional les ayudaran a hacer justicia por los crímenes en su contra. Él les dijo que lo que les había sucedido “es más grave que las caravanas de la muerte del dictador chileno Augusto Pinochet” y, aunque les advirtió que él no tenía competencia para investigar, se comprometió a que pondría los casos en conocimiento de la Corte Penal Internacional.

El año pasado, después de centenares de muertos en medio del fuego cruzado, volví a encontrar a los paeces o nasas con la misma coherencia social y política. De nuevo en minga comunitaria en Piendamó, en torno a una olla gigante de delicioso mote, esta vez actualizando el expediente de sus desventuras para entregárselo al relator de las Naciones Unidas James Anaya, quien los escuchó y comprobó que la situación seguía siendo “crítica”, porque los actores de la guerra se negaban a entender y respetar su neutralidad.

Indígenas del siglo XXI

Mi cuarta visita la coordiné con las mujeres paeces. Vilma Almendra y Dora Salas me pusieron en contacto con la moderna organización en que se convirtieron con el paso de los años. Llegué a Santander de Quilichao, a la sede de Radio Pa’yumat, donde encontré a un grupo de jóvenes concentrados en afinar detalles para salir al aire enlazados —desde la cordillera Central— con emisoras de Estados Unidos y Europa.

Vi a los paeces hablando por teléfono celular y planeando actividades con la ayuda de computadores portátiles. Hasta hace pocos años preferían comunicarse voz a voz y confiarles todas las actividades al lápiz, al papel y a la memoria profunda que heredaron de sus antepasados.

Me reencontré con el eterno optimista Ezequiel Vitonás, más gordo, con 50 años y todavía como una de las cabezas del Proyecto Nasa, que ya no debería llamarse proyecto porque es palpable. Lo acompañé durante un día de trabajo y puedo dar fe de que el sueño que Álvaro Ulcué Chocué es una realidad en expansión.

A diferencia de los encuentros anteriores, esta vez Ezequiel estaba dedicado al seguimiento de hechos cumplidos. Les dio total crédito a la visibilidad y al respeto que ganaron con el Premio Nacional de Paz: “Aparte de protegernos ayudó a incidir en nuestra gente para que creyera que podíamos consolidar el proyecto”.

Las amenazas de los violentos acechando. Para 32 líderes como él, la Organización de Estados Americanos reclamó medidas cautelares permanentes con el fin de que el Estado proteja su vida.

“No sé cómo no estamos muertos a pesar de tanta acción humanitaria que hemos hecho”, destacó al recordar las mingas comunitarias con las que se expulsó, una y otra vez, a guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes de la región. También se les obligó a devolver secuestrados.

Él y su gente se sienten más protegidos, pero no menos vulnerables. Ya no dependen solamente del sonido de alerta de los cuernos ni del lenguaje de los tambores, sino de una red que incluye a la Cruz Roja y a organizaciones internacionales de derechos humanos que en cuestión de minutos ponen sobre aviso a las autoridades. Aunque el gobierno nacional les dio teléfonos celulares azules para que pidan auxilio a una línea de emergencia de la Policía, ellos prefieren sus radios y el apoyo inicial de entidades neutrales.

Ezequiel Vitonás insistió en que la seguridad es vital, pero no la única cara que identifica al Proyecto Nasa, pues su prioridad es el desarrollo integral de las 110 mil personas de 19 cabildos y ocho municipios que lo integran con el lema: “Gente consciente, educada, organizada y unida”.

La tierra, eterno problema

Para los nasa la recuperación de la tierra que les expropiaron los terratenientes es prioritaria. A pesar de que la Constitución de 1991 les devolvió ese derecho ancestral, el Gobierno todavía no les ha cumplido del todo.

Corría el mismo 1991 cuando ocurrió la matanza de El Nilo, en la que murieron 20 indígenas. El Estado colombiano fue condenado por esta masacre en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ordenó que los indígenas del norte del Cauca fueran indemnizados. Sin embargo, 19 años después siguen luchando para que cada gobierno de turno respete el cronograma de asignación de tierras.

El último incumplimiento fue en 2005 por parte del gobierno de Álvaro Uribe. Debía comprar 15.663 hectáreas para los nasas y les quedó debiendo 2.300. Lo que más indigna a los paeces es que el acta de compromiso fue firmada por el ex ministro del Interior y de Justicia Sabas Pretelt, durante un acto en la finca La Emperatriz, el lugar donde, según paramilitares, se planeó la masacre.

Ante la ineficacia política optaron por la vía judicial y le pidieron a la Fiscalía General de la Nación la expropiación del predio. Pero esto tampoco ha sido posible. Por eso, los nasa bajan en minga y cortan la caña que los terratenientes siembran en ese lugar que debería estar en sus manos. Ezequiel denuncia: “No nos han cumplido con las tierras ni con la indemnización plena para nuestro plan de vida y mucho menos con justicia, porque los acusados o no fueron condenados o se escaparon de la cárcel”.

El 8 de marzo de 2008, la entonces viceministra del Interior, María Isabel Nieto, estuvo en el corregimiento de Huellas y allí volvió a comprometerse como gobierno no sólo en materia de tierras, sino en mejorar la asistencia en salud, educación y producción económica. Tampoco cumplió. Así lo denuncia el Acuerdo de Cooperación 2008-2009 entre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN). Advierte: apenas el 40% de las tierras recibidas por los nasa entre 1991 y 2005 son aptas para la producción agrícola. El 60% restante son “áreas con fuertes pendientes, sitios sagrados y zonas erosionadas”.

Desarrollo integral

Con la tierra los nasa ponen en marcha su plan de vida con el precepto de “crecimiento en todas dimensiones de vida, siempre en equilibrio y respeto hacia la madre tierra”. Los proyectos se han multiplicado. Ahora están consolidados cinco más: Proyecto Global, en Jambaló; Unidad paz, en Miranda y Corinto; Proyecto Integral, en Caloto; Yaluch o hijo del agua, en Santander de Quilichao, y Satu Frinxi Kiwe, en Buenos Aires y Suárez.

Y cuando sus dirigentes no cumplen es el mismo pueblo el que los somete a juicio, les quita el poder y los fuetea delante de sus electores. No sólo las autoridades nacionales, sino en especial ellos están obligados a cumplir “las leyes del centro de la tierra”, dictadas a los caciques históricos nacidos del agua, como Juan Tama.

Sus parcelas tienen dos niveles de producción: uno familiar, para que en ninguna casa falte la comida, y otro agroindustrial, del que se benefician todos los miembros. El trabajo que en 2000 se concentraba en una gran finca en Toribío hoy se multiplicó a través de granjas integrales y proyectos asociativos, desde tiendas en veredas hasta empresas ganaderas y de producción de frutas y verduras.

Pasaron de una concepción campesina a una empresarial sin atentar contra los principios que rigen la convivencia y la supervivencia nasa. Me mostraron orgullosos, con razón, las truchas marca Juan Tama, los jugos Sifinze —que ellos llaman agüita refrescante—, los mármoles extraídos de las minas La Manuela, el yogur y el queso que producen en Lácteos San Luis. La autonomía alimentaria que a comienzos de los años 90 era casi una utopía.

Conmueve también asistir a una audiencia en la que se aprueba la gestión de un dirigente dándole un banano o se desaprueba con un limón o una naranja ácida. Los mayores —reconocidos por la Unesco como maestros de sabiduría— no miran a los inculpados sino al piso para percibir sus pulsaciones y la sinceridad de su defensa. Sólo entonces saben si debe ser castigado o refrescado con algunas de las plantas sagradas. Ezequiel destaca: “Esto no se encuentra en los libros, sólo se aprende aquí viviendo nuestras costumbres, conversando como nos gusta, viendo que un mundo en comunión de paz es posible”.

Le recuerdo que en 2001 el juez Baltasar Garzón se sumió en un profundo silencio, asombrado al ver la eficacia de los procesos orales de los nasa, comparados con los extensos sumarios que él manejaba. Quedó tan afectado que durante su segunda noche en Toribío se reunió en privado con los consejeros paeces para pedirles consejo: ¿debía continuar trabajando como juez o dedicarse a ayudar a los indígenas?

La decisión fue salomónica. Desde entonces no descuida sus obligaciones judiciales ni a los paeces, a quienes asesora en la Escuela de Derecho Propio que recoge la historia de la justicia indígena y de las injusticias de las que siguen siendo víctimas.

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La chalina contra la impunidad

Sáb, 27/11/2010 – 23:59

El drama de la desaparición de un ser querido es algo incomparable con cualquier otra pérdida que el ser humano pueda padecer. No saber dónde se halla, dónde están sus restos, qué fue lo que sucedió, cuál fue su destino o su suerte, son sufrimientos que solo quien es sujeto de los mismos puede calibrar.

Texto de Baltasar Garzón para el Coletivo Desvela

Pero junto a ese drama personal, íntimo, se incorpora el dolor y la frustración porque el Estado y todas sus instituciones se inhiban a la hora de reparar el daño producido. El derecho a la Justicia, a la Verdad y a la Reparación, es un derecho humano reconocido por el derecho internacional, y que pertenece al núcleo duro de protección de los derechos humanos.

La Justicia, por tanto, no puede dar la espalda una vez más a las victimas, las cuales no sólo sufren la perdida o la desaparición del familiar, si no la denegación de justicia y la indiferencia de toda, o una gran parte, de la sociedad.

Con ello, contribuyen consciente o inconscientemente, a la impunidad de los perpetradores y al abandono de las victimas.

Resulta aberrante justificar esas actitudes, inasumibles en sí mismas, por razón de que, siendo por ejemplo terroristas de Sendero Luminoso, están bien desaparecidos, con lo cual se está condenando a las víctimas.

En Perú, la Comisión de la Verdad y Reconciliación tuvo el coraje y la decisión de desarrollar un trabajo serio, activando el proceso de exhumaciones, identificación y restitución de los cuerpos a los familiares. A partir de Agosto de 2003, fecha en la que aquella comisión presentó su informe, comenzó esa difícil andadura de exhumación de 4.500 fosas, en la que se han mezclado lentitud, desidia e ineptitud para viabilizar el hallazgo de las 15.000 personas desaparecidas, según la última estimación del Ministerio Público.

Hace apenas dos años, se iniciaron las operaciones de recuperación de cuerpos en Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, pero a un ritmo tan lento como inoperante.

La vigilancia de la impunidad por quien tiene la fuerza armada (ejército, marina, rondas campesinas) y Sendero Luminoso, es muy intensa, sobretodo en los primeros casos, y la intención oficial de esclarecer los hechos nula, lo que ofrece un panorama poco esperanzador.

Tampoco la justicia está dando muestras de celeridad ni interés.

Sin embargo, resulta gratificante que, frente a la vergonzosa desidia oficial, una vez más en la historia de los crímenes contra la humanidad, en cualquier parte del mundo y por supuesto en Perú, la iniciativa de personas individuales y de la sociedad civil se movilice y mueva las conciencias con proyectos como la Chalina de la esperanza.

La Chalina es un tejido hecho por los familiares en nombre de su ser querido en el que se mezclan la espera de la Penélope de Ulises y el tejido ancestral de los Peruanos como un lenguaje en el que ninguna prenda es igual a la otra en el mundo andino y con la cual miles, millones de manos se entrecruzan en un enlace planetario para luchar contra el olvido y por la memoria de las víctimas.

Cada familiar escoge el color, el punto y el diseño con el que quiere recordar a ser querido y se sienta a tejer pensándolo y haciéndole un homenaje. Así, la Chalina ya se está tejiendo espontáneamente en Austria, Japón, Bélgica, Holanda, el Reino Unido, Argentina, Colombia y Ancash (por los familiares del Santa) y siguen llegando pedidos solidarios para tejer en varios departamentos del Perú.

Apoyar una iniciativa como ésta es una forma de combatir la indiferencia y una obligación de todos aquellos que creemos en que el combate contra la impunidad, sea cualquiera la forma en la que se manifieste, es una necesidad en la lucha por la dignidad de las victimas y por mantener la nuestra.

La República.pe

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El juicio a Garzón por la causa de la Memoria Histórica no se celebrará hasta el próximo año

El presidente del Tribunal Supremo, Carlos Divar, asegura que el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, no será juzgado antes de finales de año y ha expresado su convicción de que los magistrados encargados de las causas en su contra “procederán con justicia y con ningún prejuicio personal”.
NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS 24.11.2010

“Estoy seguro, seguro, seguro, tres veces seguro”, ha señalado Carlos Divar en la apertura de la Semana de Puertas Abiertas del alto tribunal.

El presidente del tribunal Supremo indicó que es probablemente que la primera causa que lleve al magistrado de la Audiencia Nacional al banquillo sea la relativa a la memoria histórica, dado que es la más avanzada, y aunque matizó que “dependerá del calendario de otras actividades y otros juicios” en realidad no cree que la vista oral “se celebre antes de fin de año sino más bien en el próximo año”.

Dívar puso además de manifiesto que “todas las personas son exactamente iguales ante la ley” y destacó la obligación de los jueces del TS de “administrar recta e imparcial justicia”. “¿Se hará así? estoy seguro, ¿habrá algún prejuicio respecto a ese juez? absolutamente ninguno”, agregó.

No obstante el presidente del Supremo admitió que lo que sí existirá “es un dolor general al tener que enjuiciar, si así se hace, a un compañero”.

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Entrega del IV Premio de Memoria Histórica

El próximo viernes, 26 de noviembre, se entregará al juez Baltasar Garzón el IV Premio de Memoria Histórica José María León. El acto tendrá lugar en el salón de Guillermo situado en la calle Cerrillo y dará comienzo a las 19 horas.

En ediciones anteriores el Premio recayó en Virginia León, hija de José María León, alcalde socialista de Aguilar durante la II República; Francisco Moreno Gómez, historiador, autor de una monumental obra sobre la II República y la Guerra Civil en la provincia de Córdoba y en el aguilarense Antonio Barragán Moriana.

En esta ocasión, Aremehisa otorga su premio a Garzón por “la defensa de las libertades democráticas, la justicia y el derecho” a lo largo de su carrera judicial.

Imagen: www.aremehisa.org.es

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Seis magistrados creen que Garzón podía investigar el franquismo

N. J. / M. A. – Madrid – 14/11/2010

El Juzgado de Instrucción 21 de Madrid se ha inhibido en favor del juzgado del suspendido Baltasar Garzón, el número cinco de la Audiencia Nacional (actualmente dirigido por el juez Pablo Ruz), respecto a una denuncia por robo de niños durante el franquismo. El juez madrileño es el sexto que cree que los casos de Memoria Histórica corresponden a este tribunal.

Otros dos jueces a favor de los cuales se había inhibido Garzón durante su investigación también devolvieron sus casos a la Audiencia, y tres magistrados de su Sala Penal expresaron en un voto particular que era este tribunal el que tenía que enjuiciar esos hechos. A pesar de ello, el Supremo le abrió juicio al considerar que, al aceptar el caso, cometió prevaricación.

El abogado de las víctimas tiene previsto dirigirse a la Audiencia Nacional para pedir que se investiguen los casi 80 casos de robo de niños que ha documentado. Pero antes el juez Ruz debe decidir si acepta el caso.

El País

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Opinion – Luis del Olmo

Baltasar Garzón

Baltasar Garzón Anoche el juez Baltasar Garzón recibió en Barcelona el premio “Cristalín”, otorgado por el colectivo “Uno de los nuestros”, en reconocimiento de lo mucho que ha hecho el magistrado jienense por la defensa de los Derechos Humanos y de la libertad… También se exhibe en la hoja de servicios de Baltasar Garzón una incesante y monumental labor en la persecución del terrorismo y del narcotráfico, dejando jirones de su vida en los días sin descanso, y convirtiéndose en objetivo predilecto de los mafiosos de distinto pelaje.

Ahora, como saben, el juez Garzón está suspendido de sus funciones en la Audiencia Nacional, a instancias de una denuncia de la extrema derecha por haber iniciado una investigación sobre los crímenes del franquismo.

Pero una cosa son los vericuetos de los altos tribunales, a veces intransitables para los legos en la materia, y otra cosa muy distinta es la gratitud que le rinde una gran parte de la sociedad española a Baltasar Garzón por su coraje y por su sentido del deber, ya sea frente a los asesinos del hacha y la serpiente que llevó a la cárcel…, frente a los narcotraficantes a los que les zurró duro…, frente al genocida Augusto Pinochet…, o frente a los militares asesinos de la época más negra de la historia de Argentina.

Como jamás oculto, soy amigo de Baltasar Garzón ya desde los tiempos de los partidos de fútbol “Todos contra la droga”, a favor del “Proyecto Hombre”, y jamás renegaré de ese afecto, que es mutuo. Pero dicho eso, soy más amigo de la verdad. Y, en este caso, ser amigo de Baltasar y de la verdad no me crean ningún conflicto, porque son una persona y un concepto que van de la mano y que se llevan bien…. Que encajan perfectamente, porque Baltasar, con todos los errores que un ser humano pueda cometer, es por encima de todo un hombre de verdad y un ciudadano ejemplar.

Por eso estuve anoche en su homenaje, poniendo mi grano de arena en el reconocimiento que le tributaron los miembros de la plataforma “Uno de los nuestros”, y del presidente de la Generalitat, José Montilla, y del alcalde de Barcelona, y del exfiscal general del Estado Carlos Jiménez Villarejo, y de numerosos ciudadanos de buena voluntad… Y porque, amigos, para muchos españoles que defienden la dignidad de la memoria… Baltasar Garzón es y será siempre “uno de los nuestros”.
Diario Crítico

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“La idea de justicia universal se ha restringido mucho en España”

Garzón ha asegurado en Alemania, donde se ha reunido con el comité de Derechos Humanos, estar “tranquilo” y a la espera del juicio para “poner fin a esta situación”

PUBLICO.ES / EFE Berlín 10/11/2010 18:12

Baltasar Barzón, el único juez que ha tratado de investigar los crímenes del franquismo y que será procesado por ello, ha afirmado en Berlín que “el concepto de justicia universal existente en Alemania es más amplio que el que existe ahora en España”.

En declaraciones poco antes de reunirse con el comité de Derechos Humanos del Bundestag (Cámara baja del Parlamento alemán), Garzón señaló que la idea de justicia universal “se ha restringido mucho en España después de la reforma de noviembre del año pasado”.

Para el magistrado, “el ejemplo de ello ha sido recientemente la decisión de la Audiencia Nacional sobre el asunto del genocidio en el Tíbet, que fue prácticamente archivado”.

El Bundestag apoya la línea de trabajo de Garzón de defensa de los derechos humanos

Garzón ha sido invitado por los diputados alemanes al Bundestag “para compartir experiencias sobre justicia universal y justicia transicional”, explicó.

“Según me acaban de comentar, la comisión del Bundestag también va a mostrar su apoyo a la línea de trabajo e investigación que he desarrollado estos últimos años en el área de defensa de los derechos humanos”, señaló el magistrado.

Justicia universal a debate

Por la tarde, Garzón tiene previsto participar en un debate sobre justicia universal abierto al público en la Fundación Heinric-Boll.

“Será un debate abierto sobre todo lo que comporta justicia universal, la situación en España y también sobre mi propia situación, de la que supongo habrá también algún comentario”, declaró el juez.

Baltasar Garzón explicó que su situación “está a la expectativa de que el Tribunal Supremo decida fijar la fecha para la celebración del juicio en el caso de los crímenes del franquismo y a expensas de que avancen las investigaciones en los demás casos“.

Garzón ha tenido contacto con la justicia alemana en investigaciones relacionadas con ETA

El pasado lunes, el Tribunal Supremo decidió prorrogar por cuarta vez consecutiva el secreto de los documentos que le envió el Tribunal Superior de Justicia de Madrid sobre las escuchas a los imputados del caso Gürtel y sus abogados, dentro de la causa que se sigue contra Garzón.

La querella contra Garzón por ordenar las escuchas fue presentada por el abogado Ignacio Peláez, que representa a uno de los imputados en el caso Gürtel, el empresario José Luis Ulibarri, por los presuntos delitos de prevaricación y contra las garantías de la intimidad.

A la espera del juicio oral

Garzón está suspendido cautelarmente de sus funciones en la Audiencia Nacional desde el pasado mes de mayo, después de que el Supremo le abriera juicio oral por declararse competente para investigar los crímenes del franquismo.

Hoy en Berlín, el magistrado declaró que se siente “tranquilo y a la espera, y con el deseo de que cuanto antes se celebre ese juicio para poner fin a toda esta situación”.

Preguntado sobre sus relaciones judiciales con Alemania en estos años en la Audiencia Nacional, Garzón explicó que ha tenido numerosos contactos “en investigaciones relacionadas con ETA, con la mafia, principalmente en el caso Troika, y también en temas de extradición y narcotráfico”

Público

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