Baltasar Garzón en nuestra memoria

escrito por Pablo Varas
jueves, 20 de mayo de 2010

Han pasado más de setenta años de la Guerra Civil Española y en todas las cunetas de este país hay muertos pidiendo ser identificados. Hay fusilados con los mismos ojos de horror como los encontrados en las fosas de Pisagua, en el norte de Chile.

En algún lugar de Viznar está enterrado Federico García Lorca, en ese inútil intento de hacerlo desaparecer, ese poeta que tanto y tan bien le cantó en homenaje al hombre y a la libertad. Sabemos que sus asesinos fueron falangistas.

Quedan aún en todos los pueblos de España, ancianos que bajan la mirada cuando recuerdan esos días oscuros, cuando la prepotencia y el fanatismo llevando el fúsil y el crucifijo y entonando “cara el sol” salían a matar rojos, sencillamente porque había que matarlos por ser rojos.

Vamos a recordar un caso.
Vamos a recordar la historia de Arturo Lodeiro, para que nadie la olvide, de eso se trata todo este asunto.

La carta está fechada en Madrid el 27 de abril de 1940.

Adorada esposa:

En este momento realizo mi voluntad por la cual puedo llamarte al final de mi vida, esposa mía, y a mi niña hija verdadera. A pesar de que  los momentos no son agradables, al menos me cabe la alegría de haber cumplido contigo como Dios manda. Ya, querida nenita, puedes llamarme esposo, y cuando hable de nuestra Julina de mí, le digas que su papaíto la quería mucho por ser hija tuya y por quererte copo jamás quise. Tú, Julia mía, procúrate una relativa y sana felicidad. No le des a mi nena un padre que sea malo.

Un beso hasta dejar la vida, para ti y la niña.

El día antes de ser fusilado, las autoridades penitenciarias autorizaron que se realizara la ceremonia de su casamiento por poderes con Julia Muñoz, que se encontraba ya en sus últimos días de su embarazo. No llegaron nunca a caminar por las calles como marido y mujer.

Julia Muñoz guardó como tesoro los pequeños mensajes con algunas líneas escritas en el papel para el tabaco que Arturo Lodeiro le enviada clandestinamente desde la prisión, escondidos entre las bastillas de sus pantalones. Ella falleció en el 2000 a los 91 años.

El último recado enviado desde la prisión dice: “El miércoles próximo te mandaré para que te compre unas yemas, pues he vendido el tabaco (….; Mándame el pantalón viejo”

En los archivos de Instituciones Penitenciarias hay un documento que grafica el valor que tenía la vida en esos tiempos, los del franquismo, esos…, los antepasados del Partido Popular y de Falange Española.

“Arturo Lodeiro ingresó en prisión el 14 de junio de 1939. Entregado el 27 de abril de 1940 al piquete de ejecución para dar cumplimiento a la sentencia de muerte. Delito: No consta”.

Pero la memoria va por el lado contrario de la impunidad, en la que insisten de manera reiterativa la corrupta derecha española y el Tribunal Supremo. Iniciar un proceso en contra del juez Garzón, que tiene algo de Copernico, es abandonar a las víctimas de período más oscuro y terrible en la historia del pueblo español, proceso histórico inconcluso en  la memoria reciente.

La derecha sólo guarda respeto para sus muertos, esos que les interesan por los buenos dividendos que les genera. Los poderes fácticos intocables en España son los que nada dijeron cuando en el gobierno de José María Aznar, con fondos del gobierno, se exhumaron los restos de los españoles de la División Azul que estaban enterrados en Rusia. Ningún Ayuntamiento donde gobierna el Partido Popular ha aportado dinero para la Agrupación de Memoria que trabaja para encontrar los restos de los represaliados por el franquismo.

Los vencedores y sus herederos insisten una y otra vez que el pasado debe quedar así, con más de 120.000 desaparecidos, pero hoy los nietos vivos aspiran legítimamente a conocer el destino de sus abuelos. Sabemos que fueron fusilados después de haber sido sometidos a juicios, en algunos casos, donde pensar de izquierdas era delito grave. Los vencedores nos intentan refregar en la cara quienes fueron ellos en esos años y pretenden que el suelo sea nuestra eterna mirada.

La tozuda memoria no puede olvidar a 16 curas ciudadanos del norte, fusilados por los franquistas, que resuenan hasta hoy por los pueblos del País Vasco. La memoria se resiste a enterrar la idea de Cruzada Nacional sostenida por la iglesia para legitimar el alzamiento militar de Franco. Pero contra ese muro de la ignominia se debe levantar la memoria activa y constante, esa que no acepte el “no se puede decir” o “eso ya pasó”

De la misma manera que los hechos se resisten a llenarse de polvo, tenemos en Antígona de Sófocles algunos apuntes que nos dan algunas luces para ayudar al entendimiento.

Creonte: Tienes que saber que jamás el enemigo, ni aún muerto, es amigo.

Antigona: Tiene que saber que nací no para compartir con otros odios, sino para compartir amor.

Creonte: Entonces ve allá abajo y, si tienes que amar, ámalos a ellos (los muertos), que, mientras viva en mi no ha de mandar una mujer.

A Baltasar Garzón le debemos agradecer de su trabajo muchas cosas, pero hay unos minutos y una determinación que son de un extraordinario valor, aquellos en que asumió la responsabilidad de demostrar que el ex Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Chilenas era de verdad un ladrón, un cobarde y un asesino. Aquello también ayudó a desvelar el pacto que se había sellado entre la Concertación y la FFAA.

El calendario de su oficina marca el 16 octubre, también en una habitación en el 8° piso en The London Clinic…

“A esa hora, la 13.30 en el juzgado n° 5 no queda un alma. Garzón se asoma a la nave donde trabajan los funcionarios. Sólo ve a uno, que recoge ya sus bártulos. Le dice “no te vayas”, y el se encierra en su despacho.

Piensa muy rápido, como un torrente. También con egoísmo. Con esa prudencia realista que busca amarres y seguridades, y que tanta veces deja a los hombres cruzados de brazos: “Y por qué coños tengo yo que meterme en este berenjenal? El fiscal lo ha recurrido todo: Argentina, Chile y la Operación Condor. ¡Todo! La Sala está pendiente de revisar si como Audiencia Nacional somos o no somos competentes. Esto no es saltar al vacío y sin red. Esto es saltar yo en “mi” vacío. Si me equivoco, me equivoco yo, me la pego yo, me juego la carrera yo… ¡Me la juego de verdad! Y tengo familia… Ah, encima no puedo consultar con nadie. Se han ido todos…

Coge un bolígrafo Pilot azul, unos folios y el primer caso de la lista del Plan Condor: Edgardo Enríquez, chileno, secuestrado y torturado en Argentina…” (1)

Claro, el resto ya lo sabemos todos, y que agradecidos estamos.

Notable Baltasar Garzón por caminar muy lejos de la mediocridad.

“¿Juez moderado? Sí, porque puede equivocarse, pero cuando se tiene el poder de aplicar la Ley, los errores deben ser los menos ( Baltasar Garzón)


(1) Garzón. El hombre que veía el amanecer. Pilar Urbano. Plaza & Janes, S.A. primera edición: febrero 2002.

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